En Frisco, la comunidad se une para ayudar a Venezuela tras los terremotos

Por R.J. Morales | TX3DNews

FRISCO, Texas — Pocos días después de los terremotos más fuertes que han golpeado a Venezuela en un siglo, la comunidad venezolana del norte de Texas se reunió en Frisco para una noche de oración y ayuda, convirtiendo el dolor en acción a miles de millas de su hogar.

Alma Hernandez Juarez, educadora y fundadora del grupo Hispanohablantes, organizó el evento en pocos días, mientras las familias trataban de comunicarse con sus seres queridos y juntar donaciones.

“Momentos como estos piden compasión y unión de inmediato”, dijo Hernandez Juarez.

Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio. Murieron al menos 1,450 personas, más de 12,000 quedaron sin hogar y 774 edificios sufrieron daños o quedaron destruidos, incluyendo hospitales. El desastre provocó críticas a la respuesta del gobierno, aunque el rescate de un padre y su hijo cuatro días después fue una rara nota de esperanza en medio de la tragedia.

Algo muy cercano

Para muchos de los que asistieron, la tragedia fue muy personal.

Hernandez Juarez dijo que la meta de la reunión era sencilla: recordarles a las familias venezolanas que “no están solas, que su comunidad las ve, las quiere y está a su lado”.

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A través de su trabajo con familias venezolanas en el norte de Texas, dijo que ha visto a muchas pasar días tratando con desesperación de comunicarse con sus seres queridos, mientras también buscan cómo ayudar desde lejos.

Varias familias en el evento tienen parientes que viven en las zonas afectadas, dijo Hernandez Juarez. Por respeto a su privacidad, dijo que prefería dejar que ellas decidan si quieren compartir sus historias en público.

Más que un servicio de oración

La noche se apoyó tanto en la compañía como en las donaciones. Durante casi una hora, las familias oraron, reflexionaron y cantaron. Muchas llevaron fotos de sus seres queridos y pusieron rosas blancas junto a una cruz como señal de esperanza. Oraron por los muertos, por quienes aún esperan noticias de parientes desaparecidos, por los rescatistas y por todos los afectados por el desastre.

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Hernandez Juarez describió el ambiente como emotivo, pero lleno de esperanza, con lágrimas, abrazos y momentos de silencio. Personas de muchos orígenes llegaron para acompañar a sus vecinos venezolanos, dijo, un recordatorio de que “la compasión no tiene fronteras”.

De la oración a la acción

Los organizadores también recogieron insumos de emergencia. Los miembros de la comunidad llevaron productos de higiene, pañales, fórmula para bebés, artículos para el cuidado de adultos, botiquines de primeros auxilios y comida que no se echa a perder.

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Las necesidades siguen siendo urgentes, dijo Hernandez Juarez, sobre todo insumos médicos, fórmula para bebés, pañales, cobijas, botiquines de primeros auxilios y productos de limpieza. Los grupos de ayuda dentro de Venezuela dicen lo mismo. Project HOPE, que ha trabajado en el país por años, encontró en un estudio reciente que el 71% de los centros de salud que revisó necesitan medicinas como antibióticos, medicamentos para problemas respiratorios y sueros intravenosos.

Andrea Ng, de An Atlas Transport LLC, está coordinando la recolección y el envío a nivel local, trabajando con socios de la comunidad para mover las donaciones a través de canales de ayuda ya establecidos. Hispanohablantes no es una organización humanitaria, aclaró Hernandez Juarez; funciona como un puente que conecta a los voluntarios, los lugares de entrega y los grupos confiables.

Esa coordinación con cuidado es importante. El Departamento de Estado de Estados Unidos advierte que los envíos no solicitados pueden saturar los esfuerzos de ayuda, a menos que los pidan las organizaciones que ya trabajan en el lugar. Hernandez dijo que los organizadores ajustaron su recolección por eso, pidiendo a los donantes dar prioridad a medicinas, insumos de primeros auxilios y comida para mascotas, después de saber que ya había mucha ropa donada.

Lo que esa noche significó

Ver a los vecinos abrazarse, llorar y orar le recordó a Hernandez Juarez por qué la comunidad importa. Líderes, organizaciones, voluntarios y residentes llegaron por una sola razón, dijo: recordarles a las familias venezolanas que son queridas.

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El esfuerzo en Frisco es solo una parte de una respuesta mucho más grande. La Organización Internacional para las Migraciones de la ONU calcula que hasta 6.8 millones de personas podrían verse afectadas por los terremotos, y un vocero humanitario de la ONU dijo que la ayuda avanza “muy rápido y a gran escala”, llamándola “un impulso muy humano, el de ayudar”.

Cómo ayudar

Las donaciones y los voluntarios siguen siendo bienvenidos en los lugares de recolección señalados. Hispanohablantes también creó un centro de recursos en dos idiomas, Nuestra Comunidad Está con Venezuela, con la lista de lugares de entrega, próximos eventos y organizaciones de ayuda confiables. El grupo deja claro que no recoge ni maneja dinero; en cambio, dirige a los donantes a grupos confiables como World Central Kitchen, Direct Relief, UNICEF y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, para quienes quieran dar dinero.

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Para Hernandez Juarez, un momento queda por encima de todo lo demás: cuando todos se tomaron de las manos para orar.

“Miré a mi alrededor y vi a niños, padres, estudiantes, líderes de la comunidad, voluntarios y vecinos juntos”, dijo. “Traté de aguantar las lágrimas, pero no pude. A veces el regalo más grande que le podemos dar a alguien es simplemente estar a su lado y dejarle saber que no está solo”.

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